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Sagunto se alía con la muerte

Los saguntinos optan por el ‘suicidio en libertad’ antes que caer en las manos de Aníbal tras ocho meses de asedio cartaginés y de que Roma no acudiera en su auxilio. GALERÍA DE FOTOS (pinchar aquí)


Carthagineses y Romanos ofreció en la noche de ayer, con las miradas de unas dos mil personas hacia el escenario del puerto, su capítulo más trágico, como es la ‘Destrucción de Sagunto’, dirigida por Alfonso Martínez Bernal y con una espléndida puesta en escena desplegada, durante poco más de una hora, por parte de los festeros, no logrando ser empañada por los pequeños fallos que hubo en el sonido y en los fuegos de artificio.



El crepúsculo de Sagunto comienza ya en su agonía. Aníbal Barca lleva meses asediando la ciudad aliada a Roma. En la representación en Cartagena, el punto de partida es cuando Aníbal se presenta ante las murallas de la ciudad. “No puedo dejar Sagunto en pie; debo mandar un mensaje contundente a la todopoderosa Roma”, dice en un espacio habilitado entre las sillas del público.

El siguiente foco está en el escenario. Las conversaciones entre Leto, Elena y Valerio giran en torno a la esperanza de que Roma acuda, generándose un choque de perspectivas: “Qué ilusa al confiar en la ayuda romana” (Leto) y “Roma vendrá, seguro” (Valerio). Elena quiere creer, pero el permanente ruido de espadas la consumen entre tanta sangre y muerte.



Todo queda claro cuando el integrante más veterano del consejo informa de que Roma no tiene “ni legiones ni dinero” para ayudarnos. Otro compañero toma la palabra. “El Barca está ciego de odio y sólo nos tenemos a nosotros”, planteando dos opciones. Una es caer en manos de Aníbal y otra “morir en libertad”, dejando para la historia el recuerdo.



Tras un último combate entre invasores y defensores, con heroica muerte de Valerio, los saguntinos llevan a cabo su decisión: “¡Muerte, dame la libertad!”. Entre los cadáveres surge la figura de Aníbal. Se agacha ante Elena y expresa: “Hoy no he ganado yo, ha ganado la muerte”.