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CyR-22: La conquista que fue germen para que surgiera un imperio

Roma tomó Qart-Hadast e inició su transformación de República a ‘Imperivm’. La gran batalla, que por primera vez gestaban conjuntamente Seando y Consejo, regresó a Carthagineses y Romanos con un formato mejor estructurado en los combates y en poner en situación al espectador, pero con detalles por mejorar, reuniendo los dos mil guerreros a una multitud que a abarrotó el entorno del campo de batalla.

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Desde septiembre de 2019, la cuesta del Batel no acogía el gran espectáculo de la batalla que en el año 209 aC puso fin a la estancia cartaginesa en esta tierra e inicio más de cinco siglos de presencia romana. Había (muchas) ganas por recuperar uno de los momentos estelares de las fiestas y el público respondió con su masiva asistencia y apoyando con aplausos las escenas.

La batalla está ‘basada en un hecho real’, pero, al igual que sucede en el cine o en las series televisivas, a partir de su esencia (la conquista de la ciudad, en este caso) todo es de libre interpretación y guión, algo que también sucede aquí, pues, por ejemplo, durante años hemos visto que el primer ataque lo llevaban a cabo los sitiados y en esta ocasión no fue así. Por eso, hay que quedarse con el espectáculo por encima de detalles históricos. También esto se puede aplicar al poético final de rendición, cuando, por lo que sabemos, fue lo habitual entonces, es decir, el conquistador no tenía piedad del conquistado.

Ahora nos centramos en la puesta en escena de este Annus XXXIII de un acto festero que, por primera vez, pagaban y organizaban conjuntamente Senado Romano y Consejo Carthaginés. Un servidor le otorga un notable, considerando que ha mejorado en unos aspectos y pude mejorar más en otros. Me explico. La estructura de los combates fue mucho mejor que dejarlo en tres embestidas de las respectivas fuerzas. Así, se emparejaban tropas con legiones y se iban produciendo en diferentes instantes los movimientos militares de ataque y defensa de unos y otros perfectamente visibles para el público. Fue una batalla más ‘limpia’ en cuanto a claridad visual. Otro elemento a sumar en lo positivo fue la gran pantalla, que sirvió para entender mejor lo que se iba produciendo, para explicar con mayor claridad el desarrollo y para ver de cerca a los personajes. En la casilla buena también está su duración, el mayor uso de la muralla de Carlos III y que, aunque la puerta de Qart-Hadast se situase en la parte inferior de la Cuesta del Batel, en todo momento se busco como epicentro de la acción lo más visible para el gran público.



En el lado opuesto hay detalles, es decir, nada que no sea subsanable, y no me refiero a los pequeños accidentes iniciales, como que costase prender las tiendas, que se escuchase alguna frase que no se tenia que oír o que uno de los carthagineses se quedase ‘en blanco’ cuando tenía que hablar. Tengamos siempre presente que son festeros no actores profesionales. Además, el público reaccionó con aplausos, lo que demuestra el cariño que se les tiene. Sí son mejorables otros aspectos. Vamos con ellos. Entre las órdenes y la ejecución se producía una pausa excesiva en el bando romano. Tras la batalla, unos nos exponían una causa y otros, otra, pero no vamos a entrar en qué pasó, pero sí que, si estamos en un espectáculo dirigido a un público que paga, eso no gusta, como tampoco las ‘tonterías’ observadas en algunos púnicos, como hacer gracias cuando estás ‘muerto’ o ir con gafas de sol. Aquellos años en que la batalla era, sobre todo, un diversión festera pasaron para ser alto una representación. También se debe corregir la pasividad (desde hace varios lustros) de algunos cuando llegan al encuentro con el enemigo (se quedan quietos creando un muro visual cuando deben buscar ‘una pareja de baile’ para cruzar gladio y falcata). Así, desde la grada, se veían caer ‘muertos’ sobre el césped a más gente de la que luchaba. En conclusión, buen formato que es mejorable en su ejecución. A esto añadimos los medios de comunicación que los cámaras no debían estar tan encima de los actores protagonistas, pues ‘malvan’ muchas fotos. Hoy en día, con el zoom de calidad que existe, no es como en los tiempos del Súper-8, se pueden poner algunos metros por medio.



Y ahora vamos a contar la trama de lo ofrecido. Alfonso Martínez, con voz en off, comienza explicando al público que el desarrolló lo irá relatando el ficticio personaje de Zenón de Palus junto a Polibio de Megalópolis y los pasajes que escribió en su día del asalto. La escena se sitúa en hace 2.032 años con apoyo de una gran pantalla que muestra escenas de la marcha de veinte mil romanos desde Tarraco. Han tardado 7 días en llegar ante Qart-Hadast, con lo que no dan tiempo a que los ejércitos cartagineses en Iberia puedan llegar a tiempo de ayudar a los dos defensores.

Varios jinetes llegan ante las murallas para quemar las tiendas ubicadas en el exterior. La intención de los romanos es clara. También ‘matan’ a los que allí encuentran y después sorprenden al público lanzándoles sus ‘cabezas’. A continuación, varios jinetes púnicos salen en busca de refuerzos, pero casi todos son interceptados y apresados (sin lucha). Magón Giscón (interpretado por Ignacio Murcia) ha ordenado preparar la defensa y a los quince minutos del inicio es cuando aparece Publico Cornelio Escipión (Javier Argudo) a caballo con sus jefes. Llega el influctuoso parlamento entre mabos. “Has elegido la derrota”, dice uno. “A mi pueblo se le da muy bien matar escipiones”, apunta el otro. La guerra está servida.

Las legiones están apostadas sobre el césped y los carthagineses se distribuyen junto a la puerta y en la muralla auténtica. A la media hora de comenzar comienza la gran batalla, cuya duración será similar. La primera acción ofensiva es la colocación de las catapultas y los arqueros ante la puerta, donde formaciones en ‘tortuga’ tratan de derribar, sin conseguirlo. El fuego y los escaladores también actúan por la muralla, mientras que después se incorporan ataques laterales y frontales. El atroz combate es repelido por los defensores.

Escipión toca retirada para confiar a los sitiados, que salen tras ellos, pero lo hace para confiarlos y de Roma es este asalto, quedando el definitivo, que combinó el ataque frontal con la entrada de un grupo de águilas por el estero. Los combates se van produciendo en escalada y en diferentes puntos de la escena y el campo de batalla se va llenado de ‘cadáveres’. En un momento determinado se escucha el grito de “¡Victoria!” que sale de la garganta de Escipión. Aún quedan unos diez minutos, en los que Magón entrega la ciudad pidiendo su mimo al romano, quien le dedica diversos elogios. Por cierto, también hay que elogiar a Ignacio y a Javier por la interpretación de ambos personajes. Era la primera vez que lo hacían en un macro escenario al aire libre, como el que tiene Cartagena.



La oratoria posterior de Escipión culminó con “¡Salve Carthago Nova, viva Cartagena!”, tiñéndose la parte superior de la muralla de rojo con las antorchas extraordinarii y comenzando la explosión en el cielo de los fuegos de artificio, mientras que carthagineses y romanos (mezclados) cruzan sus aplausos con los espectadores.

De Qart-Hadast a Carthago Nova. “Aquí comenzó todo, aquí comenzó a brotar un imperio”.

Equipo de dirección de la obra


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