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Re-Encuentro

Cartagena volvió a sentir el embrujo de su noche más cautivadora, en la que miles de personas se movilizaron en torno a una procesión con diferentes salidas, para confluir en la plaza de la Merced para presenciar el momento en que el Nazareno se encuentra con su madre. La foto superior muestra el tradicional contacto entre los portapasos de la Virgen y de San Juan minutos antes del encuentro de 'La Pequeñica' con su hijo. GALERÍA DE FOTOS (pinchar aquí).



Fue la última procesión celebrada en 2019 antes de que la lluvia y la pandemia generasen un amplio período de inactividad procesionista en la calle. Han pasado tres años y había muchas ganas de volver a vivir la noche que acoge a más gente en la Cartagena histórica que cualquier día del año.

La actividad de la procesión se iniciaba a las dos de la madrugada, siendo la edición más temprana con excepción de la de hace tres años que se acordó, ante el riesgo de lluvia, adelantarla a la una y media.

La Verónica, la única agrupación cartagenera exclusivamente femenina, fue la primera que se puso en marcha. Lo hizo desde Santa María con un perfecto orden en su tercio, que abría paso al trono que llevaba a la mujer con el paño que limpió el rostro de Jesús y que le quedó impreso. Su destino era el callejón de la plaza de la Merced ubicado junto al degradado Cine Central.

A las dos y cuarto le llegaba el turno a Jesús de Medinaceli desde el campus de la Universidad Politécnica, con palabras de despedida y el himno universitario. Tomó rumbo hacia el centro, siendo el primer tercio en cruzar por ‘la plaza del Lago’.



A las dos y media llegaba uno de los momentos más esperados en la Pescadería, pues se cumplen 40 ediciones desde que el Nazareno sale de un recinto en el que una multitud toma su interior desde las horas previas para compartir láguenas, reparos y corrillos, además de ver al trono ponerse en marcha desde la carpa en el que espera. Minutos antes, se procedía a la apertura de la puerta de la reja con sendas llaves de grandes dimensiones, a través del hermano mayor marrajo (Francisco Pagán) y de la presidenta de la Autoridad Portuaria (Yolanda Muñoz). Es la única vez que esta puerta se abre cada año. A continuación se ponía en marcha el cortejo con los soldados romanos en cabeza, banda de música tercio, nazarenos y trono, además de numerosas autoridades.  Las ovaciones se sucedían a su paso, encaminándose hacia el castizo barrio de pescadores de Santa Lucía hasta El Pinacho, desde donde enfiló rumbo hacia el punto de encuentro con su madre.

Ella, la Virgen Dolorosa, conocida popularmente como ‘La Pequeñica’, por su tamaño, había salido a las tres menos cuarto desde la ‘catedral de la Semana Santa de Cartagena’, como el procesionista Domingo Bastida ha bautizado a Santa María. San Juan abría paso con un tercio en el que se conservan los históricos hachotes a butano. Esta vez el trono del Discípulo Amado se ubicó unos metros más cerca de la esquina que otros años, pero se volvió a repetir la emocionante escena de tocarse las manos los portapasos de uno y otro grupo cuando la Virgen lo adelantaba.



Y llegó el encuentro con más testigos de Cartagena en la esquina del Palacio de Aguirre. Fue a las 4.33 y esta vez, a diferencia de ediciones anteriores, fue la Virgen quien esperó a su hijo. Al producirse el esperado momento, la mayor ovación y enseguida, dos saetas (una para cada imagen), la popular y populosa Salve y el himno de España, además de abrazo entre los de una y otra agrupación.

Después continuó la procesión con todos juntos hasta Santa María, donde llegó otro momento de especial sabor y emoción con la Salve dedicada a ‘La Pequeñica’ en la recogida.

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