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Cinco formas de lograr la inclusión de las personas con discapacidad en la vida diaria

La inclusión de la discapacidad significa que las personas con discapacidad tienen la oportunidad de participar en todos los aspectos de la vida en la mayor medida posible. Estas oportunidades incluyen la participación en la educación, el empleo, los programas de salud pública, la vida en la comunidad y el aprendizaje de servicios.



Incluir a las personas con discapacidad en las actividades cotidianas y animarlas a desempeñar papeles similares a los de sus compañeros que no tienen una discapacidad es importante para desarrollar la capacidad de los jóvenes, especialmente de los jóvenes con discapacidad, y hacer que la sociedad sea más inclusiva para todas las personas.

Desde las experiencias vividas hasta la escucha de la comunidad de discapacitados, he aquí 5 maneras de seguir haciendo que nuestro mundo acepte mejor a las personas con discapacidad.


1. Ver a la comunidad de discapacitados como un consumidor valioso

Sigue siendo progresista ver a la comunidad de discapacitados como un público objetivo y un consumidor. No en vano, es la población minoritaria más grande del mundo y, sin embargo, la más infrarrepresentada cuando se trata de comercializar productos, ya que son los últimos en los que se piensa.
Aunque parte de esto se debe a que hay una gran diversidad dentro de la comunidad de discapacitados, esos segmentos de consumidores (y sus familias) siguen teniendo un importante poder adquisitivo.
Poco a poco estamos viendo cómo se incorporan nuevos productos y servicios que ayudan a llevar una vida más inclusiva a este colectivo, como puede ser la venta o alquiler de un coche adaptado para sillas de ruedas. Sin embargo, es necesario que esto se convierta en la norma, y que no se vea como un pensamiento de futuro.


2. Emplear a personas con discapacidad: son ambiciosas y quieren trabajar

En el año 2020 había 1.933.400 personas con discapacidad en edad de trabajar (de 16 a 64 años), lo que supone el 6,3% de la población total en edad laboral. De esta cifra, 663.900 eran activos. Sin embargo, la tasa de paro entre las personas con discapacidad en España fue del 22,2% en ese mismo año, siendo 6,8 puntos más que entre la población sin discapacidad.
La comunidad de discapacitados sigue siendo discriminada en el trabajo, desde la denegación de un puesto de trabajo hasta la denegación de una entrevista final. Pero a la hora de la verdad, los empleadores tienen que ver a una persona, incluida su discapacidad, como un activo y no como un pasivo potencial.


3. Aumentar la representación de la discapacidad en el ámbito político

¿Se le ocurren muchos políticos o funcionarios del gobierno -a nivel local, estatal o nacional- que vivan con una discapacidad? Si busca bien, empezará a ver la variedad de discapacidades con las que viven muchas personas que trabajan dentro de un cargo político.
Sin embargo, ¿estamos animando a las generaciones más jóvenes con discapacidad a participar en la política? ¿Cuántas campañas políticas locales y nacionales incorporan la voz de la discapacidad?
Las personas con discapacidad siguen encontrando barreras arquitectónicas, de actitud y tecnológicas a la hora de ejercer su derecho al voto, como la ausencia de abridores automáticos de puertas, la ausencia de intérpretes de lengua de signos, la ausencia de rampas o señales en braille o la estrechez de las puertas y las máquinas de votación inaccesibles.


4. Promover la inclusión social en las escuelas

Nuestra conciencia cultural general sobre cómo tratamos e interactuamos con la discapacidad tiene que cambiar, empezando por las escuelas primarias. Tenemos que celebrar a nuestros compañeros por sus diferencias. Si esto se enseña a una edad temprana, habrá menos discriminación y más inclusión social.
Que los niños con y sin discapacidades aprendan codo con codo ayuda a todos a apreciar los talentos y dones que todos los niños traen consigo. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de promover la inclusión de nuestras diferencias.


5. Hacer que los viajes sean universalmente accesibles

Las personas con discapacidad tienen derecho a disfrutar de servicios turísticos y acceder a ellos en igualdad de condiciones que el resto de la población, es lo que se conoce como turismo accesible. Sin embargo, son muchas las personas con discapacidad que se han enfrentado a experiencias desafortunadas en los diferentes medios de transporte o luego, posteriormente, en los destinos.
Estas barreras al turismo no son sólo arquitectónicas o informativas, sino también psicosociales. Y no hay que olvidar que la sociedad española será en pocos años de las más envejecidas del mundo, lo que hará todavía más necesaria la universalidad de acceso a esos servicios.
Si se adaptaran los negocios y servicios turísticos a las personas con discapacidad supondría un cambio decisivo para los destinos y las empresas, ayudándoles a recuperarse de la crisis y a crecer de nuevo de una forma más inclusiva y resiliente.


Como podemos ver, la inclusión de las personas con discapacidad se puede llevar a cabo desde diferentes terrenos. Mientras que algunas discapacidades son temporales, otras, en cambio, afectan a las acciones cotidianas de las personas a largo plazo.
Aun así, con o sin discapacidad, todos tenemos el poder y la responsabilidad de hacer que la sociedad sea más inclusiva para todos.

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